Ayer, cuando comía en la Facultad, había a mi lado una mesa con psicólogos ensalzando las virtudes de la investigación en no sé que universidad árabe. Me llegó el segundo plato y no me di cuenta de que la conversación había derivado hacia el fenómeno televisivo de La Sexta: la de los zombies.
Uno de los comensales no había visto ningún capítulo de la serie y los otros, entre bromas y sin querer contárselo todo, le hablaban alalimón.
En esto, uno dice:
- A ver, los zombies, ya lentos de por sí, crean un ambiente en la película todavía más angustioso, te empapa más-
Silencio. Risas.
- Bueno. Eso que has dicho... "los zombies, ya lentos de por sí"... ¡Implica muchísimas cosas! -
Más risas.
- En primer lugar, que existen y conviven normalmente con nosotros. Y, en segundo, que la observación en dicha convivencia nos lleva a asumir que... son lentos. Lo normal. -
A duras penas pude evitar que se me notaran las carcajadas calladas sin que se me atragantase el pollo a la naranja.
Pensándolo un poco ¿qué incentivo tienen los zombies para moverse con más agilidad? ¿Para qué van a correr? ¡Mejor no van a estar! Ni peor.
Como diría mi hijo: ¡Un poco más de vidilla!
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